domingo, 5 de febrero de 2017

La exposición Rutas de Polichinela se traslada a Cordenons, Italia, con el nombre de Le Strade di Pulcinella. I Parte.

Con el nombre de Le Strade di Pulcinella se presenta del 21 de enero al 28 de febrero de 2017, en el Centro Cultural Aldo Moro de Cordenons (región de Friuli, en el noreste de Italia), sede de la compañía Orteatro, una exposición sobre los personajes europeos de la familia polichinesca realizada a partir de la que ya se hizo en el TOPIC de Tolosa con el nombre de Rutas de Polichinela (ver aquí), basada en el libro homónimo escrito por Toni Rumbau (ver aquí). En efecto, como complemento a las piezas que provienen de Tolosa, se exponen otros muchos títeres que muestran la extraordinaria variedad de personajes -o 'máscaras' como se les llama aquí - existentes en Italia.


Polichinelle. Museo del TOPIC de Tolosa.
De alguna manera se repite la misma operación que ya se hizo en Portugal, cuando la exposición 'Rotas de Polichinelo' fue presentada en el Museu da Marioneta de Lisboa con la aportación extraordinaria de los Robertos sacados de sus fondos (ver aquí). Un trabajo excelente, el realizado por el TOPIC de Tolosa, al desplazar la exposición por otras ciudades y enriquecerse con estas nuevas aportaciones. Cumple de este modo con la lógica y la propia filosofía del proyecto, que no es otra que mostrar cómo las distintas tradiciones titiriteras de Europa hablan el mismo lenguaje y expresan los mismos principios, de modo que los títeres en Europa cumplen con esta paradoja, tan importante y tan necesaria hoy en día, de convertirse en un terreno donde las diferencias, además de separar, unen.
Walter Broggini, con Pirù a la derecha.
El artífice y comisario de la exposición de Cordenons es el titiritero de Varese (provincia al noroeste de la Lombardía) Walter Broggini (ver aquí), inventor él mismo de una de las máscaras de nueva creación más vivas de la región, Pirù. No es la primera exposición comisionada por Broggini en el Centro Aldo Moro con Ortoteatro (ver aquí).  Gracias a una fecunda colaboración artística con el equipo de Cordenons, capitaneado por el actor y director Fabio Scaramucci, Broggini ya presentó en enero de 2013 la exposición 'Burattini. Il teatro della meraviglia' que mostró una visión genérica del mundo del teatro de marionetas, y en enero de 2015, 'De Arlecchino a Cipì', una exposición en la que se hacía un recorrido desde los títeres de la tradición hasta el teatro de los años 50-70, con una atención particular a figuras como Maria Signorelli, Otello Sarzi, Tinin y Velia Mantegazza, y Lele Luzzati, nombres todos ellos fundamentales para entender el actual teatro de figuras en Italia.

Tartaglia, máscara de Verona. Fondo de Luigi Cristini, realizado por Enrico Manzoni (Bérgamo).
En la idea de crear esta exposición,  tuvo un papel importante Bruno Ghislandi, de Bérgamo, cuando los tres coincidimos en esta ciudad en octubre de 2014, en unos encuentros organizados por Ghislandi alrededor de la figura de Gioppino, la máscara más profundamente bergamasca, y las distintas personas que todavía lo practican (ver aquí). Ghislandi ha sido, por otra parte, el suministrador de una buena parte de los títeres italianos que se han mostrado en las exposiciones tanto de Tolosa, Lisboa y Madrid, como ahora en Cordenons.

Gioppino, de Pietro Roncelli, Bérgamo.
Lo bueno de estas exposiciones realizadas por Broggini y Ortoteatro es que se complementan con un intenso programa de actuaciones, talleres, visitas comentadas, encuentros y conferencias, de modo que los dos meses de duración de la misma se convierten en una especie de festival centrado en la temática de la exposición, lo que dispara su interés y garantiza una afluencia de público siempre muy alta.
Romano Danielle y Walter Broggini comentan la exposición.
En el caso presente, hubo una representación inaugural a cargo del gran maestro titiritero de Bolonia Romano Danielli, uno de los grandes que continúa manteniendo vivo el teatro de la tradición, y a los dos días estaba invitado yo mismo a realizar una conferencia junto a Walter Broggini sobre el tema de la exposición. A su vez, está previsto que actúen en el Aldo Moro las compañías de la Casa di Pulcinella di Bari, I Pupi di Stac de Florencia, Nata Teatro de Arezzo, Tieffeu de Perugia, Eugenio Navarro de La Puntual con Rutinas y el personaje de Malic, de Barcelona, así como las compañías de Walter Broggini, la ya citada de Romano Danielli, y Ortoteatro.

En cuanto a los Encuentros, el 3 de febrero está previsto el acto 'Maestri burattini, allievo Arlecchino', un encuentro entre la actriz especialista en Comedia del Arte Claudia Contin Arlecchino (ver aquí) y el estudioso e historiador Remo Melloni, director científico del Museo 'Il Castello dei Burattini', de Parma (ver aquí).

También para las escuelas hay un programa específico centrado en la temática de la exposición.

'La prova del coraggio', con Romano Danielli y Mattia Zecchi. Los nuevos personajes de la tradición italiana.

De Bolonia vino el gran maestro Romano Danielli junto al joven Mattia Zecchi, mano derecha del veterano titiritero y uno de los nuevos valores al alza de los que trabajan la tradición hoy en Italia. Actuó en la hermosa Sala de Conferencias, con banderas de muchos colores en ambos lados de la sala pertenecientes a las distintas corporaciones del lugar, y con nobles asientos de madera para los consejeros de la ciudad cuando se reúnen allí, lo que dio a la función un halo de entrañable relieve protocolario, el que se asocia a los eventos más llanos de la representación popular.


Fabio Scaramucci presenta el espectáculo de Romano Danielli.
Con un retablo de madera al viejo estilo, con telón, decorados que suben y bajan, atril incorporado para poner el texto o 'copione', como se dice en italiano, y una técnica muy sencilla consistente en dos simples micrófonos y un pequeño equipo de sonido para poner de vez en cuando, en los cambios de decorado especialmente, una música grabada de acompañamiento, los dos titiriteros, sénior y júnior, perfectamente acoplados ambos en las voces y en los mutuos apoyos, hicieron gala de un oficio de los de alto vuelo.

En la boca del teatrillo de Danielli y Zecchi, confluían siglos de práctica y de escritura para títeres, en una tradición como la italiana que se remonta al filón de la Comedia del Arte, siempre con alguna de las máscaras de la primera época (Brighela, Balanzone y Pantalón en este caso) pero sobretodo con las nuevas que surgen básicamente a principios del XIX.

Telón del retablo del maestro Romano Danielli, con las principales máscaras de su teatro: Balanzone, Brighella, Sandrone, Sganapino, Arlecchino, Colombina y Fagiolino.
Conviene detenerse aquí un momento para indicar cómo estos personajes nacen, en efecto, al prohibir Napoleón en la Italia del norte las máscaras de los actores al ser consideradas como una práctica execrable propia del Antiguo Régimen. Acorralada por la Historia, la Comedia del Arte encuentra cobijo en los teatros de títeres, que pueden seguir representando a los viejos personajes, pues la máscara en un muñeco no oculta su alma, al identificarse ésta con su apariencia. Así replegado el viejo Mestiere, la vitalidad de los actores de la Comedia del Arte, ante esa nueva situación que permite multiplicar a los actores sin necesidad de ampliar la compañía, les empuja a inventar nuevos personajes, que aparecen la mayoría sin máscara en el rostro (a pesar de que se les siga llamando 'máscaras', tan arraigado estaba este tipo de teatro en el pueblo).

Algunos de los títeres de Romano Danielli, con Fagiolino en primer plano.
Se trata de esta segunda oleada de personajes que sucede a la primera del Renacimiento, cuando se establecen los nombres principales que el Barroco cultivará y estirará hacia los excesos. Coincide esta segunda ola con el triunfo de las ideas ilustradas, con la Revolución Francesa, con la expansión Napoleónica y con las grandes revoluciones burguesas del XIX, cuando se impone el nuevo individualismo ya liberado de las ataduras de la Iglesia y del régimen aristocrático, aunque bien integrado por estas nuevas armaduras colectivas, las naciones, que generan el entusiasmo de unos nuevos marcos de identidad a los pueblos europeos. Un entusiasmo que el romanticismo y el optimismo burgués elevarán hacia los nacionalismos, ese veneno que acabará corroyendo la sociedad de Europa para conducirla al desastre de sus dos guerras civiles.

Baciccia della Radiccia, de Génova. Marioneta de hilo de la Primera Compañía Marionetística Pallavicini, de Novi Ligure. Obra de Luigi Ajmino, Genova. Exposición 'Strade di Pulcinella'.
Un caso curioso son las ciudades italianas del norte, muchas de ellas libres o integradas en pequeñas y laxas unidades políticas, lo que permite que las colectividades locales tengan la suficiente autonomía para proyectar sus deseos de afirmación y de singularidad cada una en personajes diferentes, una prolija atomización que no sucede con tanta alegría en los demás países de Europa, sobre todo en los mayores, atrapadas ya sus poblaciones en estados grandes y poderosos, y por ello, con capacidad menor de proyectar rostros distintos en los teatrillos de títeres.

Meneghino, máscara de Milán. Títere de Benedetto Ravasio, construido por Minutoli, Bérgamo. Exposición 'Strade di Pulcinella'.

Nacen en Italia los nombres de Gianduja en Torino, de Gioppino en Bérgamo, de Meneghino en Milán, de Pampalughino y Tascone en Tortona, de Fagiolino y Sganapino en Bolonia, de Tartaglia y Facanapa en Verona, de Sandrone en Modena, de Baciccia en Genova, de Peppe Nappa en Catania, y aún muchos otros personajes secundarios que complementan a los principales.

Dottor Balanzone, máscara de Bolonia. Títere de Romano Danielli. Exposición 'Strade di Pulcinella'.
Una creatividad popular que sólo puede explicarse por el enorme peso de la tradición local de la Comedia del Arte y sus personajes principales, a los que Goldoni supo darles un empujón hacia la modernidad, abriendo nuevas vías de desarrollo a las comedias de máscaras.

Esta riqueza local se halla presente en la exposición de Cordonons, gracias a la ampliación italiana realizada por Walter Broggini, y la pudimos ver viva en el espectáculo de Romano Danielli y Mattia Zecchi.



El maestro de Bolonia sacó a algunos de sus personajes favoritos, como el sexteto protagonista Fagiolino, Dottor Balanzone, Pantalone, Brighela, Sganapino y Sandrone, que deberán enfrentarse a dos bandidos de rostros tremebundos, el malo malo y el malo simple objeto de burla. Hilarante la escena de equívocos y enredos basados en el hambre entre Fagiolino y Sganapino disfrazado de Muerte, que  conducirá al final feliz de los dos bandidos que salen escarmentados de la escena.

Romano Danielli y Mattia Zecchi en plena función, con Dottor Balanzone y Sandrone.
La representación fue muy ilustrativa para entender el lenguaje de la comedia con sus máscaras habituales, ya que en la obra presentada salían las mayoría de los personajes más importantes dentro de la tradición boloñesa. Un placer ver al señor Danielli lidiar con sus títeres, todos de madera tallada y algunos de un peso considerable, sin que la edad del titiritero le privara de la viveza que requiere el argumento.
El Maestro Romano Danielli con Fagiolino, su máscara preferida.
Teatro hablado de mucho texto, si lo comparamos con las formas más coreográficas y musicales del Pulcinella napolitano. Y es que a diferencia de algunas de las tradiciones europeas de los polichinelas de cachiporra, que buscan historias y textos muy sintéticos, el teatro de estas máscaras tardías del norte de Italia mantiene vivo el estilo goldoniano de la Comedia del Arte, con un bonito regodeo de la palabra. Por eso se dice que cuando los actores y directores del siglo XX quisieron recuperar parte del quehacer dramático de la vieja Comedia del Arte, no tuvieron más remedio que recurrir a los teatros de títeres que mantenían aún vivos a los viejos personajes y sus formas de recitar.
Mattia Zecchi con uno de los bandidos de la obra.
Al acabar la actuación del señor Romano Danielli, los presentes pudimos saciarnos dando vueltas por la exposición donde los mismos personajes que habíamos visto en el retablo de los títeres, lucían allí sus rostros y expresiones con aplomada y virtuosa indiferencia. Un verdadero lujo para los que amamos este tipo de cosas, dando saltos al pasado sin salirnos del presente.

viernes, 30 de diciembre de 2016

La fiesta de la Caza del Zorro: the meet.



Que cada país tiene sus locuras, sus caprichos y sus peculiaridades, es una verdad como un templo que no por sabida, siempre nos sorprende y maravilla. He pasado estas Navidades en Inglaterra, concretamente en la zona de Somerset, muy cerca del Parque Natural de Exmoor, en el sudoeste de Inglaterra, al sur de Bristol. Una zona rural con tradiciones de profundas raíces ancestrales, y en la que se practica la caza tanto del ciervo como del zorro. Ya había presenciado alguna vez el encuentro previo a la salida de los cazadores -the meet, como lo llaman allí-, momentos excitantes en los que caballos, perros, jinetes y espectadores viven emociones antiguas hoy difíciles de definir y de ser vividas en las ciudades. 

Caballo al que se le ha quitado el pelo del cuerpo, para que pueda sudar y ventilarse
durante la larga y para él fatigosa jornada de caza.
Llevado por la curiosidad y por mi afición a indagar en las formas peculiares y excéntricas que las poblaciones escogen para afirmarse en lo colectivo, acudí el día 26 de diciembre o de San Esteban, the Boxing Day, como lo llaman los ingleses, al 'meet' de la localidad de Dulverton, uno de los múltiples lugares de la región donde se organizan partidas de caza del zorro. Lo más interesante del lugar, es el carácter popular y rural que tienen los participantes, muy lejos de las partidas más multitudinarias y supuestamente aristocráticas que se organizan desde las casas nobles y los palacios de Inglaterra. En Dulverton, los jefes de la caza son gente del pueblo, granjeros la mayoría, que gustan de los caballos y que pugnan por mantener la caza como uno de las fiestas populares de más arraigo de la región. En cuanto a los participantes, no deben pasar de la trentena. 

Foto de Rebecca Simpson.
Se habla de caza pero en realidad lo que ofrecen estas partidas a caballo son largos paseos por el campo siguiendo a los directores de la caza, que se encargan de los perros y de 'pescar' al zorro cuando lo tienen localizado: sacarlo de la madriguera, perseguirlo y, hoy en día, pegarle un tiro. Creo que se contentan con un único ejemplar. 

Niña en un poni. Foto de Rebecca Simpson.
La mayoría de los participantes no cazan nada pero sí que viven la excitación de los caballos, de los perros, de los gritos y de los toques de corneta de quién dirige la operación. Nada que ver con los cazadores de rifle apostados para acribillar a los cientos de faisanes que los profesionales les sueltan, un negocio en mi opinión bastante siniestro muy extendido en la región y al que acuden aficionados a la escopeta, muchos de ellos millonarios de todo el mundo, ansiosos de descargar su adrenalina con las armas de fuego sobre blancos puestos en bandeja. 

Los perros cercados por los caballos.
La caza del zorro, tal como se practica en Dulverton, es un entretenimiento festivo que no sólo atañe a los participantes a caballo, sino también a toda la población y a cuantos visitantes quieran acudir. Lo más interesante y espectacular para los curiosos que vienen de fuera es the meet, el momento del encuentro y de la salida. La cita de los participantes, que acuden con sus hermosos caballos, algunos disfrazados de navidad y hasta de Papa Noel, se hace en el centro del pueblo, junto a la iglesia principal y frente al pub más importante, el Public Bar Woods. La razón principal es que este pub es el más generoso en sus aportaciones: canapés, pequeños bocadillos, los buenísimos mince pice recién salidos del horno, así como vino de jengibre u otros combinados de wisky. Los caballeros son los primeros en tomar alimentos y bebidas -aunque muchos de ellos ya traen sus petacas bien cargadas de sus bebidas preferidas-, pero también el público que rodea a los caballos son bienvenidos e invitados a participar en la fiesta.


La larga hora que dura el meet sirve para que todo el mundo caliente motores. Los caballos cada vez más nerviosos, poco acostumbrados a sentirse rodeados de gente, están ansiosos de cabalgar por el campo. Un capítulo especial lo constituyen los perros. Son una clase especial de canes, los llamados foxhounds, generalmente de color claro, manchas marrones de diferentes tonos, y provistos de largas colas en vertical, lo que da al conjunto un aire de inquietante revuelo. Verlos juntos en el rincón donde se les mantiene, vigilados por sus cuidadores, entre los caballos y el público que se apretuja a su alrededor, es uno de las imágenes más bonitas e impactantes del meet


La excitación que rezuman nos habla de otros tiempos, cuando la caza era vivida como algo esencial y necesario. Una excitación que se traslada a los caballos y a sus jinetes y que embarga también a los visitantes, atrapados todos por esa fogosidad de entusiasmo arcaico, que tiene que ver con el fuego de los espíritus, la inquietud visceral de los animales cuando huelen la sangre, y con la respiración húmeda de la tierra. 

Foto de Rebecca Simpson.
Nos atiborramos de bocadillos y de mince pice, bebemos nuestros vasos de vino de jengibre o de Oporto, hasta que llega el momento de la partida. Antes, uno de los responsables de la caza, en este caso una señora montada en una magnífica yegua de color marrón oscuro, que lleva un gorro de Papa Noel con dos largas trenzas colgadas, suelta su speech a la concurrencia. Son palabras que reivindican la caza, que defienden su carácter lúdico y festivo, y la sitúan en el contexto de las tradiciones propias del lugar. Y tras agradecer al pub su gran generosidad en las cosas del comer y del beber, con voz alta, segura y enardecida, invita a todos los que han venido como espectadores a sumarse el año próximo a la partida de los jinetes, anunciándoles que los habitantes de Dulverton son personas sencillas, honestas, pacíficas y muy hospitalarias. 

En pleno speech.
Tras el discurso, el hombre que está a su lado, montado en un vistoso caballo de color marrón, sin duda el jefe de la caza, saca una corneta y se pone a tocarla. Es el grito metálico de júbilo que da la hora de la partida. 

El señor de la corneta da la orden de partida.
El conjunto se pone en movimiento. Lento primero, pero ya los perros salen de su rincón y se suman a los caballeros, ladrando ansiosos como están por salir, correr por el campo y empezar a husmear rastros. Los caballos se van juntando, dan una vuelta de saludo por las dos calles principales del pueblo, y de pronto, desaparecen uno tras otro al galope, con la energía imponente de las monturas que hervían de ganas de lanzarse a galopar. En un momento, la partida ha desaparecido. Quedamos los mirones, excitados de haber vivido las emociones del meet, y ansiosos también de correr, no al campo, pero sí al pub, para hacernos con alguna pinta de cerveza o con algún vaso de vino caliente que se sirve en estas ocasiones. Una manera de bajar las tensiones y de calentar el cuerpo.


Muchos salen también al campo, para ver pasar desde posiciones estratégicas a los caballeros. En la calle queda el estiércol dejado por los nobles brutos y los grupos de aldeanos y visitantes que comentan la jugada, tras ver partir a algunos de sus seres queridos a caballo. 

Desde el pub, pienso en el carácter festivo que tiene todavía la caza del zorro en tantos lugares del país, muy lejos de las impostaciones de las partidas señoriales o simplemente comerciales que se organizan por doquier. Una tradición de fuerte arraigo popular que mientras mantenga  estos islotes de convivencia arcaica, tiene sin duda el futuro asegurado.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Alcoy: el Betlem de Tirisiti, y la Fiesta de Moros y Cristianos



Viajé hace poco a Alicante, invitado para dar una conferencia en ocasión del Congreso de Unima Federación España, y, tras asistir a algunas representaciones del Festival Festitíteres que dirige Ángel Casado (vean artículo aquí en Titeresante sobre el tema), decidí acudir a Alcoy, ciudad que no conocía y donde en Navidad se representa el famoso Belén del Tirisiti. 

Se trata de una de las tradiciones aún vivas de las viejas representaciones navideñas con títeres que se hacían un poco por toda España. Hoy, además del Tirisiti, queda el Belén Barroco de Laguardia (ver aquí), y quizás también deberíamos situar a la Tía Norica de Cádiz, con su Auto de los Reyes Magos, o los Bonecos de Santo Aleixo, hoy sitos en Évora, en Portugal, que también interpretan un Auto de los Reyes Magos así como el de la Creación del Mundo (ver aquí). 

Estos días de Navidad se representa el Belén de Alcoy en el Teatre Principal de la ciudad, con funciones diarias hasta el 5 de enero. Patrimonio de la ciudad de Alcoy y declarado en el año 2002 Bien Inmaterial de Interés Cultural, el Betlem de Tirisiti se halla hoy en manos de la compañía de teatro La Dependent, encargada también de gestionar el Teatre Principal. Algunos lo consideran una reliquia, pero en realidad constituye una forma teatral llena de actualidad y que goza del fervor del público local e internacional, que llena todas las sesiones programadas con gente en la calle.

Ya había visto el Betlem en la Sala Tarafa de Granollers, durante la última Passada, una fiesta popular de esta ciudad catalana (ver aquí), en una versión muy conseguida adaptada a la capital del Vallès Oriental, pero quería verlo en su lugar de origen. 

Nada más llegar a la Plaza España, centro neurálgico de la villa y donde se encuentra el Ayuntamiento, me topé con la imagen del Tirisiti bien situada en una instalación escultórica en el centro mismo de la plaza, a modo de reclamo municipal de la Navidad. También comprobé más tarde su popularidad local, al descubrir profusión de escaparates que reproducían escenas o la simple imagen del Tirisiti, el personaje central del Betlem. 

Esto me gustó. Significa que Alcoy, su Ayuntamiento y su gente, se toma muy en serio el Belén, considerado como un icono de la ciudad, algo muy típico y singular de ella, y por ello mismo muy querido por todos. 

En una esquina de la plaza se encuentra el Teatre Principal, y allí me dirigí con ánimos de ver la función en una de las sesiones escolares. Un par de autocares descargaban al público y, tras presentarme a la jefa de sala, fui muy amablemente invitado a entrar en las dependencias interiores del teatro. 

En una antesala había una magnífica exposición de figuras del Betlem, las pertenecientes a los grupos de Moros y Cristianos que suelen aparecer en la representación para adorar al niño Jesús. 
Se trataba de donaciones de las distintas comparsas o filaes de moros y cristianos que existen en Alcoy, con reproducción aproximada de sus vestidos, aunque por supuesto sin las extravagancias llenas de fantasía y de vistosas ornamentaciones que suelen llevar en los desfiles. 

Me sorprendió que prácticamente todas las figuras llevaran un cigarro en la boca, seguramente un caliqueño, algo que por lo visto era tradicional entre los participantes. Caramba, me dije, qué bonita incorrección que seguro escandalizará a más de alguna alma bien pensante. No creo que todos los figurantes humanos desfilen fumando en la actualidad, aunque sí me imagino que algunos lo seguirán haciendo por gusto y por ser fieles a la tradición. 



Para las funciones, se recorta la platea del Teatre Principal y se instala en ella una grada que permite la buena visibilidad de las marionetas. También se eliminan los pisos superiores con una lona bellamente pintada que hace de techo para la Navidad. 


Ocupo un asiento y entran los niños con los maestros. Llegan de toda la provincia, tal es la fama del Tirisiti. No sólo son chicos, también hay un grupo de quince y dieciséis años. En una mañana pueden hacerse entre cuatro y cinco representaciones, más dos o tres por la tarde. 

Se levanta el telón y entramos de lleno en el tema navideño. San José y la Virgen María buscan donde pasar la noche. Las puertas se les cierran sin miramientos. La misma casa del Tirisiti es una de las que les cierra el paso. Cuando llegan los soldados de Herodes con sus aciagas intenciones, una palmera esconde milagrosamente a la sagrada familia. Finalmente continúan su camino y vemos aparecer el pesebre con los personajes icónicos bien puestos para ser adorados. Una narradora cuenta con un texto rimado en castellano y no sin un cierto sonsonete malicioso, el relato bíblico del nacimiento. Llegan los reyes magos. Las apariciones del ángel y de la estrella que les indica el camino se producen muy teatralmente, a golpe de platillo, y los reyes montados en sus caballos se van acercando desde el lejano horizonte. Momentos siempre divertidos los de la adoración de los reyes, con la tonadilla rimada de la narradora. 


Y una vez relatados los hechos fundamentales del Belén, empieza el sainete costumbrista, con el personaje del Tirisiti, de ascendencia confusa (¿labrador, obrero, pendenciero, un buscavidas...?), su mujer que se entiende con el capellán, el Abuelo de armas tomar, personaje muy conocido por el público, los feligreses que van a misa, y Clásico, el famoso torero que fue de Alcoy y que se las tiene con un toro. Tras los olés, es el Tirisiti quién debe lidiar con él. En esta parte costumbrista, los personajes hablan siempre en valenciano.

El ritmo es perfecto, como tiene que ser en una representación de títeres populares, bien salpicado de golpes, movimientos rápidos que provocan la risa del público, sonoros cierres de puerta y músicas que ambientan algunas escenas. Y lo mejor de todo, el aire fresco e irreverente de las situaciones, una preciosa educación sentimental para los más pequeños, que aprenden de viva voz el buen humor y algunos chascarrillos de los mayores, con escenas flagrantes de infidelidad, curas libidinosos, abuelos fieros, devotas ridiculizadas, o el mismo Tirisiti tratado como un vago y un sinvergüenza.
La mayoría de los niños conocen las canciones y a los personajes, y se dejan maravillar por los efectos escénicos de las marionetas, atrapados por el ritmo de la representación y su desarrollo argumental. 

Al acabar la función, conozco a Joanfra Rozalén, uno de los directores de la compañía y responsable de comunicación, quién me invita a visitar por dentro el teatrillo y ver una representación desde el interior, todo un honor y un verdadero lujo para mí. Acepto encantado. Conocía ya a algunos miembros de la compañía, por haberlos encontrado en Granollers, y nos saludamos. Pero no hay mucho tiempo para charlas. Hay que prepararlo todo para la nueva función y los niños del segundo turno ya están entrando en la sala. 


Me instalo en un lateral donde no molesto. Son seis personas las que lo mueven todo, las voces son en directo y las músicas grabadas han sido recuperadas de viejas versiones utilizadas por el Betlem. Veo que hay dos personas de más: les están enseñando, aprenden las rutinas de manipulación, los trucos y los modos de entrar, salir y sacar los decorados. Se aseguran así que existe una buena cantera de actores con capacidad de tomar el relevo en caso de necesidad.

El ajetreo es intenso, los actores manipuladores muestran la relajada tensión de los que ya tienen una larga experiencia en el arte de los títeres. Pero no hay que despistarse. El ritmo impone que las escenas se sucedan casi con vértigo, pues una de las gracias es que no haya momentos vacíos ni se alarguen las transiciones. 


Al acabar, comparto con los actores titiriteros el secreto sonoro de la lengüeta, con la que se expresa el personaje principal, Tirisiti. Usan una pequeña de plata que produce un sonido vistoso y agradable, sin estridencia alguna. La narradora suele traducir las palabras de Tirisiti para que el público las entienda bien. Yo saco mi lengüeta e intercambiamos sonidos y experiencias. 

El entreacto termina pronto: una escuela está ya entrando en la sala. Me despido y Joanfra me acompaña a la salida. 

Me cuenta que son muchas las invitaciones recibidas para desplazarse pero que se resisten a salir, al considerar que pertenecen a un lugar y a un momento del calendario, Alcoy y la Navidad. Sus actuaciones en Granollers fueron una excepción fruto de la amistad con algunos de los responsables implicados, y a la complicidad entre las dos ciudades. El resto del año, los actores trabajan con la compañía en producciones teatrales por todo el país, con un repertorio de teatro contemporáneo muy puesto al día. Pero cuando llega noviembre, todo se para, el Teatre Principal se transforma, y cada uno ocupa su puesto de combate en el Betlem de Tirisiti. 


Lo más impactante de su labor es el apoyo incondicional que han conseguido del público de Alcoy, que consideran al Tirisiti como algo propio de la ciudad, un divertimento imprescindible de las fiestas de diciembre. Un gran mérito tienen los actores de haber mantenido el tono fresco, gamberro y arriesgado, con improvisaciones salpicadas de referencias a la vida local y a la política, últimamente muy agitada en las tierras valencianas, lo que explica que los mayores no duden en sacar sus entradas, con la excusa de llevar a los niños. Nada más ponerse a la venta las entradas a través de Internet, se acaban en poco tiempo, aunque siempre hay un número igual para los que acuden a comprarlas en directo el mismo día. Por lo visto, llegan espectadores de todas partes, no sólo del País Valencià: muchos alcoyanos emigrantes y sus familias que, al acercarse la Navidad, compran los billetes desde Australia, Estados Unidos, Alemania...

Las fiestas de Moros y Cristianos.

Dejo a la compañía absorta en sus labores teatrales y me dirijo al Museo de la Fiesta. Es lunes y debería estar cerrado pero estos días de Navidad son excepcionales: el Tirisiti está en marcha, llegan grupos de escolares y algunos de personas mayores para conocer la ciudad, y el museo no tiene más remedio que abrir sus puertas.

Está dedicado a las fiestas de Moros y Cristianos que se celebran en abril, en honor de San Jorge, patrón de la ciudad. Una fiesta de las más singulares que se hacen en España y que son el fiel reflejo del pasado histórico de estas tierras del Levante, donde los moros se instalaron durante tanto tiempo y que tantas huellas han dejado en el paisaje humano y natural. Rememoran hechos históricos de cada lugar, contiendas entre caudillos de uno y otro bando, que el tiempo ha convertido en legendarias. 



En Alcoy se rememora la mítica de batalla producida en 1276 a las puertas de la ciudad y que habría enfrentado a los habitantes de Alcoy con las tropas del Caudillo musulmán Al-azraq. Cuenta la tradición que en el momento clave de la batalla apareció la figura de San Jorge a lomos de un caballo sobre las murallas de la ciudad y que su figura decidió el resultado de la Batalla.


Lo bueno es que aunque haya vencedores y vencidos, no hay buenos y malos, pues tanto importan las agrupaciones de uno como del otro bando. Las arcaicas rivalidades son revividas en una catarsis de disfraces, desfiles, música y teatro. Las comparsas o filaes (en número de 28 en Alcoy) rivalizan con sus disfraces, sus armas de película y en sus modos de desfilar. Los cristianos avanzan nerviosos y audaces, los moros tranquilos y majestuosos. Las músicas que les acompañan expresan estas características. Como dice Ana María Botella Nicolás (ver aquí), refiriéndose al pasodoble Mahomet, escrita en 1882 por el compositor alcoyano Juan Cantó francés (1853-1906), 'nace así el pasodoble sentat, es decir, aquél de corte moderado, reposado, elegante y señero'. En cuanto a la música que acompaña a los Cristianos, dice Botella: 'La marcha cristiana es un género musical cuyo aire es de unos 85 M/M con predominio del sonido de los metales. Es música con clímax guerrero y compacto sonar de trompetería en la que, como se ha dicho, los metales priman sobre la madera.'


En el museo se reúnen unos buenos ejemplos de los disfraces utilizados, de una exuberancia inaudita, que los portadores llevan con desmedido orgullo. Parecen sacados de una película de Hollywood, con rasgos a veces neogóticos y hasta futuristas. 

Las bandas de música.

En estas fiestas, como ya se ha indicado, la música es muy importante. Hay que tener en cuenta que nos encontramos en Valencia, tierra musical como pocas, donde cada ciudad, por pequeña que sea, dispone de su propia banda cuando no de varias, cada una con su escuela de música. Y no son bandas de tres al cuarto, sino verdaderas agrupaciones de músicos con estudios y mucho ensayo, lo que explica que en las orquestas del mundo haya tantos instrumentistas de viento de procedencia valenciana.

Fue en Alcoy  donde nació la música especial llamada de Moros y Cristianos, el único género compuesto ex profeso para banda que se materializa en tres formas: pasodobles, marchas moras y marchas cristianas. Dice la anteriormente citada Ana María Botella Nicolás: 'El antecedente de estos actos culturales lo encontramos en la soldadesca o simulaciones de combate entre grupos de milicias de distinto bando donde los ciudadanos, disfrazados de soldados, combatían por las calles usando arcabuces y pólvora real. Éste será el inicio de una fiesta que irá evolucionando con el paso del tiempo. Fiesta que generará su propia música, conocida como la música festera o música de Moros y Cristianos y cuyo origen reside en Alcoy.'


Hoy en día, existen en la ciudad 4 bandas, a saber, la Joven Orquesta Sinfónica de Alcoy, el Centro Instructivo Musical Apolo (CIM) con su banda La Primitiva, La Agrupación Musical Serpis y Unió Musical d'Alcoy. 

Pero atención, cuando en este abril de 2016 se celebraron las fiestas de Moros y Cristianos, ¡fueron 22 las bandas de música procedentes de todo el País Valencià las que desfilaron por Alcoy!: en concreto, las formaciones musicales de Agres, Atzeneta d'Albaida, Belgidense, Beniarrés, Beniatjarense, Benigànim, Benillobense, Gorga, Llutxent, L'Orxa, Penàguila, Planes, Quatretonda, Rafelguaraf, Instructiva de Real de Gandia, Artística de Real de Gandia, Torisense y Primitiva d'Albaida, además de las alcoyanas del Serpis, Primitiva, Unión Musical y Nova.

El momento  culminante fue cuando las 22 bandas se encontraron en la Plaza España para tocar juntas el Himno, uno de los puntos fuertes de la Fiesta, cuya ejecución se realiza siempre bajo la batuta de un director invitado. En el año 2016, fue Hiroshi Fujii, músico japonés que lleva años afincado en Alcoy y que se ha integrado plenamente en la ciudad y en sus festejos de Moros y Cristianos, sobre todo gracias a su pericia como «dolçainer». 

L'Himne
 

Las Fiestas de Moros y Cristianos se realizan también en otras localidades, como Cocentaina, Elda, Petrel, Onteniente, Villena, Bocairent, Bañeres o Villajoyosa. Igualmente se celebran en la Región de Murcia, el este de Andalucía y algunas otras zonas limítrofes con la Comunidad Valenciana. Las ciudades que han sido consideradas Fiestas de Interés Turístico Internacional, son tres: Alcoy, Villajoyosa y Caravaca de la Cruz.

Sorprende la fidelidad de estas poblaciones para con sus fiestas y tradiciones. En el caso de Alcoy, sin duda el carácter temprano de ciudad industrial centrada en el textil, con un potente y audaz movimiento obrero autóctono, explica este amor por la cultura capaz de valorar y conservar realidades como el Betlem de Tirisiti así como su rico tejido musical, sustento principal de las Fiestas de Moros y Cristianos. No en vano Alcoy acoge la Mostra de Teatre o Feria Valenciana de Artes Escénicas, tres teatros importantes como son el Principal, el Calderón y el de los Salesianos, varios auditorios y escuelas para la música, y la Escuela Politécnica Superior de Alcoy.

Una ciudad muy digna de ser gozada por los que aman las manifestaciones más vivas y singulares de nuestra cultura.